¿Qué depara el futuro del trabajo a la industria automotriz?

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La industria automotriz es un sector de importancia primordial para la OIT, no sólo por su peso en la economía, también por su historia.

Por Guillaume Delautre, Funcionario de investigación y Salonie Hiriyur, Oficial profesional joven

La industria automotriz es un sector de importancia primordial para la OIT, no sólo por su peso en la economía, también por su historia. Desde los tiempos de Henry Ford, la evolución de esta industria en términos de organización del trabajo, modos de producción y tecnología con frecuencia ha servido de fuente de inspiración para otros sectores económicos.

Durante muchos años, el diálogo social ha desempeñado un papel fundamental en su reglamentación, a nivel local y mundial. En la mayoría de los países, la tasa de sindicación es más alta en la industria automotriz que en el resto de la economía.

No obstante, la industria está experimentando cambios profundos. Desde el auge de las economías emergentes y el desarrollo de nuevas formas de trasladarse en automóvil (como el uso compartido de vehículos privados) hasta la creciente “digitalización” de la producción y la necesidad de fabricar automóviles más ecológicos, estos cambios tendrán sin duda un impacto sobre la calidad y la cantidad de empleos en el futuro.

En este contexto, y con el apoyo del Gobierno de Francia, el Departamento de Investigación de la OIT, inició una asociación plurianual con la red de investigación GERPISA a fin de comprender mejor cómo será el futuro del trabajo de la industria automotriz.

Un nuevo informe de la OIT  presenta un análisis innovador de estas transformaciones, elaborado conjuntamente con la GERPISA.

La evolución de las estructuras de producción a nivel regional y mundial

El informe constata tendencias muy contrastantes en las diferentes zonas geográficas abarcadas, las cuales difieren según diversos factores:

  • Modelos de desarrollo regional (modelos de crecimiento impulsados por el mercado interior o por la exportación)
  • Contextos institucionales y políticos (integración en una zona de libre comercio, papel de las autoridades públicas para apoyar la demanda, etc.)
  • Decisiones políticas adoptadas por las empresas (posicionamiento del producto, deslocalización y subcontratación).

El informe abarca cuatro regiones: Europa Occidental y Central; América del Norte, incluyendo México; China e India. Para cada una de ellas, el autor del informe, Tommaso Pardi, elaboró cuatro escenarios de evolución e identificó las oportunidades de acción para promover el trabajo decente en el sector.

En China, por ejemplo, el sector ha sido impulsado sobre todo por la demanda de automóviles de lujo por parte de las élites urbanas, y ha estado dominada por los fabricantes multinacionales extranjeros.

Estas empresas pusieron en práctica un sistema de producción intensivo en capital, cuyos altos costos han tenido que ser amortizados a través del uso flexible de la fuerza de trabajo y un alto grado de subcontratación.

El resultado fue una estructura polarizada entre los asalariados urbanos en la cúspide (que tienen buenas condiciones de trabajo) y los trabajadores migrantes precarios en el otro extremo (que no las tienen).

El reajuste actual del modelo de crecimiento de China, unido a una modernización de las empresas nacionales y de políticas públicas activas para el desarrollo de carros eléctricos, puede tener repercusiones importantes sobre el empleo a lo largo de los próximos años.

India escogió una dirección diferente. En vez de concentrarse en las élites urbanas, la venta de automóviles ha tenido como objetivo la clase media. Desde los primeros años 1980, la empresa mixta Maruti-Suzuki garantizó la producción de automóviles con un precio inferior a 5.000 dólares.

Durante muchos años, la producción de automóviles se caracterizó por un alto nivel de integración vertical, una gestión paternalista de la fuerza de trabajo y salarios altos.

No obstante, desde principios de los años 2000, ha habido un viraje hacia políticas más liberales con consecuencias negativas en el plano social. Un flujo de inversores extranjeros ha intensificado la competición, ejerciendo una presión sobre los salarios y favoreciendo el trabajo informal.

Esto ha contribuido, entre otros factores, a incrementar de manera significativa la tensión social. Sin embargo más recientemente, se han establecido alianzas organizadas e institucionalizadas entre los trabajadores fijos y los trabajadores temporales, habida cuenta de la fuerte presencia de los sindicatos en el sector automotriz, lo cual podría resultar en un reequilibrio de las relaciones de empleo en el futuro.

En Europa Occidental y en Estados Unidos, los procesos de reestructuración son, en gran medida, la consecuencia de la deslocalización de la producción en Europa Oriental y México.

Esto ha llevado a un ajuste a la baja del empleo y de las condiciones de trabajo: el estancamiento de los salarios, un aumento de la presión por una mayor flexibilidad y la fragmentación de la fuerza de trabajo.

En estos países, la necesidad urgente de una transición ecológica podría crear la oportunidad para cambiar las dinámicas actuales.

¿Podríamos, por ejemplo, imaginar un “New Deal” sostenible, basado en la venta de vehículos populares ecológicos, nuevos usos del automóvil como el sistema de coche compartido y la promoción de trabajo decente?

El modelo mundial vs modelos multinacionales: dos voces diferentes

El informe analiza además cómo los fabricantes están reestructurando sus filiales de producción, sus centros de investigación y desarrollo, para responder a la demanda de los mercados emergentes.

El autor establece una distinción entre dos estrategias típicamente ideales: el “modelo mundial” y el “modelo multinacional”.

El primer modelo se caracteriza por una ingeniería centralizada, una difusión limitada de la innovación, del centro hacia las periferias, y la conformidad de las mismas normas industriales en todas las locaciones a nivel mundial, a fin de optimizar los costos.

El primer modelo ha dominado durante muchos años en términos de ventas y empleos, y puede ser asociado a fabricantes de automóviles mo Volkswagen y Toyota.

Según Tommaso Pardi, este modelo muestra sin embargo algunas señales de agotamiento. Parece no adaptarse fácilmente a las necesidades de los mercados locales, sus costos son elevados y produce una presión problemática en el plano social por una mayor flexibilidad del trabajo y una segmentación de la fuerza de trabajo.

El segundo modelo apenas está emergiendo y se ilustra por las nuevas prácticas desarrolladas, con frecuencia al margen, por los fabricantes como General Motors (Daewoo), Renault (Dacia y Kwid) y Suzuki (Maruti-Suzuki).

En estos casos, los automóviles fueron concebidos y fabricados específicamente para las necesidades de una vasta clase media que quiere acceder a una movilidad a bajo costo.

Las soluciones tecnológicas son desarrolladas a nivel local y, con frecuencia, utilizan proveedores nacionales.

Esto podría tener un impacto importante y positivo sobre el fortalecimiento de las competencias locales en materia de investigación, desarrollo y producción. Uno de los principales desafíos para el futuro del trabajo en la industria automotriz es saber si este modelo multinacional, aún frágil y ambiguo en las empresas interesadas, se extenderá en los próximos años.

Fuente: http://www.ilo.org/

Cómo ubicar a más jóvenes en empleos de más calidad

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Una nueva publicación de la OIT gira en torno al problema mundial del desempleo juvenil y propone políticas para crear más empleos decentes para jóvenes de uno y de otro sexo.

Niall O’Higgins, Especialista Superior de la OIT en Investigación, Programa de Empleo Juvenil

Las personas jóvenes que se incorporan en esta época al mercado de trabajo se enfrentan a la tarea titánica de encontrar un empleo decente y de mantenerlo cuando lo han logrado. Las tasas de desempleo vuelven a aumentar, y lo mismo ocurre con el trabajo informal, temporal, y otras formas atípicas de empleo. De hecho, dos de cada cinco mujeres y hombres jóvenes en el mundo están desempleados, o trabajan pero son pobres.

¿Cómo podemos dar un giro a estas tendencias? Es una pregunta que otros autores y yo tratamos de responder en una nueva publicación de la OIT: Rising to the youth employment challenge: New evidence on key policy issues . Esta obra, la última de una serie que la OIT ha producido sobre las tendencias y políticas en materia de empleo juvenil en los últimos años, analiza nuevos datos sobre las medidas de promoción del empleo juvenil, desde la creciente tendencia de las microempresas emergentes, hasta el éxito de las políticas macroeconómicas.

El análisis realizado en esta obra demuestra que los gobiernos pueden intervenir efectivamente para impulsar el empleo juvenil y reducir el desempleo de los jóvenes aplicando medidas en el nivel macroeconómico. Por ejemplo, en periodos de ralentización del ciclo económico, ampliar el gasto público –mediante la introducción del empleo subvencionado a gran escala– es una herramienta de política útil para promover el empleo de los jóvenes.

No obstante, la eficacia de estas medidas depende de que las finanzas públicas estén relativamente en buena situación. Así, cuando comienza la recesión, la expansión fiscal debería aplicarse inmediatamente, antes de que la propia crisis económica provoque un empeoramiento significativo del equilibrio presupuestario.

Un ejemplo de los planteamientos de este tipo es el programa Garantía Juvenil, presentado por la Unión Europea en 2014. La idea es proporcionar educación, capacitación y trabajo de calidad a la gente joven que no trabaja ni recibe formación. Por naturaleza, este programa es anticíclico: se amplía durante las bajadas del ciclo económico, cuando el desempleo juvenil tiende a aumentar.

Subvenciones a las empresas para estimular el empleo de los jóvenes

Los programas del estilo de Garantía Juvenil, que prevén subvenciones a las empresas que contratan a personas jóvenes, pueden estimular el empleo juvenil.
Sin embargo, el diseño es decisivo. Los datos expuestos en la obra indican claramente que la eficacia a largo plazo de los programas de subsidios salariales en gran medida depende de que se incorporen elementos que fomenten la adquisición formal o informal de calificaciones o competencias profesionales para el empleo entre las personas jóvenes. Los programas tienen que prolongarse el tiempo suficiente para que los participantes desarrollen competencias relacionadas con el empleo y “se pongan a prueba” en el entorno laboral específico. Además, las subvenciones han de ser lo suficientemente generosas para atraer a las empresas. Serán provechosas si se destinan a grupos concretos de personas jóvenes –por ejemplo, los que corren riesgo de convertirse en desempleados de larga duración. Y algo más importante aún: deben bloquear la sustitución de los trabajadores existentes por nuevos contratados o por gente joven subvencionada. Este tipo de subsidios salariales son particularmente útiles en épocas de recesión, cuando la demanda de empleo es baja.

¿El salario mínimo reduce significativamente el empleo juvenil?

La respuesta es breve: no. Un análisis detenido de los datos indica que, en la gran mayoría de los casos, el efecto del salario mínimo es escaso o nulo en el empleo de este grupo. Además, el posible efecto de desaliento puede reducirse reforzando la legislación de protección del empleo. La pregunta pertinente no es tanto si necesitamos más o menos regulación, sino más bien cómo combinar productivamente las instituciones del mercado laboral.

Otro mensaje importante dimanante del análisis concierne a la necesidad de centrarse en la promoción del empleo independiente de calidad y en el espíritu empresarial. Si bien el recurso al empleo independiente suele ser un mecanismo paliativo para las personas y las familias que carecen de otras posibilidades, de ningún modo es una opción universalmente negativa. También queda claro que los programas de fomento de la iniciativa empresarial no pueden por sí solos solucionar el problema de promover el trabajo decente para los jóvenes; sin embargo, pueden ser un complemento útil de otros programas activos del mercado de trabajo, como las subvenciones salariales y la formación.

En los países de ingreso alto, para los jóvenes, la vía hacia el trabajo suele suponer puestos temporales y/o aprendizajes a menudo no remunerados. En los países de ingreso bajo e ingreso medio, tres de cada cuatro personas jóvenes tienen un empleo informal y carecen de acceso a las protecciones y prestaciones relacionadas con el empleo normales para un trabajador formal; no tienen derecho a las prestaciones por desempleo, a la pensión de jubilación ni al seguro de salud.

Para las personas jóvenes con un nivel de instrucción sumamente alto, el trabajo temporal o informal puede representar un primer paso en el trayecto hacia un empleo de mejor calidad. Para otros, especialmente los que tienen un nivel de instrucción bajo, con demasiada frecuencia constituye una trampa.

Nuestro análisis revela que unas políticas laborales más sagaces pueden ayudar a evitar esa situación. Por ejemplo, los programas activos del mercado de trabajo pueden tener un papel fundamental para formalizar el empleo; supeditar la asistencia financiera del Estado al trabajo asalariado o independiente al registro legal de ese esta clase de empleos puede hacer del trabajo formal una alternativa atractiva para los jóvenes y las empresas.

Fuente: http://www.ilo.org/

Más mujeres en la gerencia de empresas, pero persisten rezagos en la alta dirección

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La región tiene una posición de liderazgo global en la incorporación de las mujeres a los niveles de gestión empresarial, indica un nuevo informe de la OIT.

LIMA (Noticias de la OIT) – Las mujeres de América Latina y el Caribe han registrado un importante progreso al asumir cada vez más responsabilidades en la gestión empresarial fortaleciendo su contribución al crecimiento económico, pero aún hay camino por recorrer y es evidente la necesidad de aumentar su participación en la alta dirección, donde ocupan sólo 4,2 por ciento de los puestos de directores ejecutivos (CEO), según un informe de la OIT difundido hoy.

El informe La Mujer en la Gestión Empresarial: Cobrando Impulso en América Latina y el Caribe , de la Oficina de Actividades para los Empleadores de la Organización Internacional del Trabajo (ACT/EMP), se presentó este martes en Lima, en una conferencia que reunió a representantes empresariales y de organizaciones de empleadores de toda la región para discutir los avances logrados y los obstáculos al progreso de las mujeres en el lugar de trabajo, especialmente en los niveles directivos.

Con un número cada vez mayor de mujeres profesionales cualificadas, América Latina y el Caribe tiene una posición de liderazgo en el progreso hacia la igualdad de género en la gestión empresarial, dice el informe.

En la región, la tasa de participación femenina en la fuerza de trabajo aumentó al 49,7%, en 2016, desde el 48,5%, registrado en 2006, lo cual contrasta con la disminución de la tasa mundial durante el mismo período. Este es un claro indicador de que más mujeres de la región se están integrando al mundo del trabajo.

El informe muestra que el número de mujeres tituladas de la educación superior es mayor al de los hombres, en todos los países de la región donde hay datos disponibles. Hoy más mujeres ocupan cargos profesionales y de gestión media y alta.

“Necesitamos crear oportunidades y las condiciones adecuadas para que las mujeres tengan éxito y mantengan el impulso creado en toda la región.»

Deborah France-Massin, Directora de ACT/EMP
En la mayoría de los países de la región hasta 30 por ciento de los puestos de gerencia son ocupados por mujeres, y en 19 países la proporción es de 40 por ciento o más, al nivel de países de mayor desarrollo. En Jamaica, 59 por ciento de los puestos de gerencia son ocupados por mujeres, la proporción más alta del mundo, y en la región le siguen países como Belice, Islas Caimán, y Colombia con más de 50 por ciento.

Sin embargo, las mujeres todavía están notablemente ausentes en la alta dirección empresarial. Los datos y la investigación más recientes indican, según el informe, que la región está rezagada en la proporción de directores ejecutivos y miembros del directorio.

En 1.259 empresas analizadas en el estudio en América Latina y el Caribe, sólo 4,2 por ciento de los puestos de director ejecutivo o CEO son ocupados por mujeres, dice el informe. Por otra parte, más de la mitad de los directorios empresariales están formados solamente por hombres. Las mujeres ocupan sólo 8,5 por ciento de los puestos en estas juntas directivas.

«Los argumentos a favor son más fuertes que nunca. La diversidad de género en todos los niveles de dirección y posiciones de liderazgo brinda una ventaja competitiva. Las empresas de América Latina y el Caribe han hecho progresos sustanciales, pero se requiere mayor atención en el nivel ejecutivo, donde sabemos que el progreso, hasta ahora, ha sido lento», dijo la Directora de ACT/EMP de la OIT, Deborah France-Massin.

«Necesitamos crear oportunidades y las condiciones adecuadas para que las mujeres tengan éxito y mantengan el impulso creado en toda la región», agregó.

La conferencia, organizada por ACT/EMP de la OIT junto con la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP) de Perú, es parte de la intensificación en los esfuerzos para acelerar los avances. A esa conferencia le seguirá un taller con representantes de organizaciones de empleadores, destinada a promover aún más la igualdad de género entre sus miembros nacionales.

Los papeles tradicionales de género en la sociedad y las mayores responsabilidades familiares de las mujeres se encuentran entre las principales barreras para el liderazgo femenino. Un indicador de ello es el número de horas dedicadas al trabajo no remunerado.

En diez países de América Latina, las mujeres dedican semanalmente entre 1,7 a 3,5 veces más horas en la realización de trabajos no remunerados que los hombres, es decir, el doble o más del triple del tiempo que los hombres contribuyen a esa labor, según el informe.

Además, persisten las brechas salariales de géneros en toda la región. Si bien las brechas se sitúan en el rango global medio, entre 0% y 45%, la ampliación de la brecha a nivel gerencial es motivo de gran preocupación. Los países con diferencias salariales relativamente pequeñas a nivel de empleados, pueden tener desigualdades mucho mayores cuando se miden los niveles gerenciales. Esta es una barrera significativa que impide a las mujeres con talento esforzarse y prosperar en puestos de alta dirección.

El “techo de cristal” también es una realidad en América Latina y el Caribe. Sin embargo, el informe destaca que más mujeres en la región están trasladándose a gerencias operativas como la investigación y el desarrollo de productos, operaciones y administración general, en lugar de seguir la tendencia global de ser agrupadas en funciones como recursos humanos, relaciones públicas y comunicaciones.

La región está mostrando claros signos de progreso y brindando esperanza de que ese “techo de cristal” dentro de poco se agrietará.

«Dado que existen condiciones económicas, políticas y sociales para avanzar, este es el momento de asegurarnos que estamos trabajando para romper las barreras y utilizar el potencial de todo el talento del que disponemos. Conferencias como ésta ofrecen una oportunidad importante para reflexionar sobre el progreso y trazar nuevas estrategias», dijo José Manuel Salazar-Xirinachs, Subdirector General de la OIT y Director Regional para América Latina y el Caribe.

Fuente: http://www.ilo.org/

A nivel mundial, son necesarios millones de empleos para garantizar la atención médica esencial

Se estima que faltan 50 millones de empleos decentes para responder a las exigencias de la salud mundial, mientras que gran parte del cuidado médico dentro de la economía de la salud es realizado por 57 millones de familiares trabajadores que no son remunerados, según un nuevo estudio de la OIT.

GINEBRA (OIT Noticias) – Se estima que faltan 50 millones de empleos decentes en el mundo para responder a las necesidades de salud a través de la cobertura sanitaria universal (CSU) y garantizar la seguridad humana, en particular en lo que se refiere a enfermedades altamente infecciosas como el Ébola. En los próximos 15 años, se prevé que el envejecimiento demográfico agrave la carencia de profesionales en la cadena mundial de suministro de la salud de 84 millones de empleos.

El estudio, Health workforce: A global supply chain approach (Personal de la salud: Un enfoque basado en la cadena mundial de suministro), proporciona nuevos datos sobre los efectos de la economías de la salud sobre el empleo en 185 países. En él se adopta un enfoque innovador, al incluir a todos los trabajadores de la economía en su conjunto que contribuyen con la prestación de atención médica y servicios sanitarios, tanto dentro de los países como entre ellos, en las cadenas mundiales de suministro de la salud.

Los datos demuestran que, a nivel mundial, una fuerza de trabajo numerosa e invisible de 57 millones de trabajadores no remunerados cubre las enormes carencias de profesionales de la salud calificados. La mayoría son mujeres que abandonaron su empleo para cuidar de, por ejemplo, los miembros más ancianos de la familia.

Según el estudio, unas 234 millones de personas en el mundo trabajan para alcanzar las metas relacionadas con la salud como la cobertura universal de la salud. Este número incluye a 27 millones de doctores y enfermeras y otros profesionales de la salud empleados en el sector público y en el privado. Sin embargo, una gran parte de la fuerza laboral – 106 millones de trabajadores que representan 70 por ciento de la fuerza de trabajo de la economía de la salud – está empleada en ocupaciones no sanitarias. Estos últimos incluyen a los 57 millones de trabajadores familiares no remunerados antes mencionados, y otros 45,5 millones de trabajadores en empleos con frecuencia mal remunerados sin condiciones de trabajo decente, sobre todo en las áreas de mantenimiento, limpieza, apoyo administrativo y cuidado informal.

“La cuarta revolución industrial podría hacer que algunos empleos se vuelvan obsoletos y desplazar el empleo, pero los servicios de salud generarán millones de empleos”, afirmó Isabel Ortiz, Directora del Departamento de Protección Social de la OIT. “La creación de los millones de empleos que faltan permitirá mejorar los niveles de vida, el crecimiento económico y el desarrollo, en particular en los países con altos niveles de desempleo entre los trabajadores poco calificados y desprovistos de servicios de asistencia médica.”

“Los servicios de salud generarán millones de empleos.”

Isabel Ortiz

Según la autora del informe, Xenia Scheil-Adlung, Coordinadora de Políticas de Salud de la OIT, esto se debe al hecho que 91 por ciento del potencial de empleo de la salud se encuentra en los países de ingresos medios bajos y de ingresos bajos de África y Asia donde estos empleos estimularían el crecimiento económico y contribuirían al pleno empleo. Actualmente en África, 15 millones de trabajadores podrían estar empleados en la economía formal si se invirtiesen suficientes recursos en la CSU. En Asia, el potencial actual de empleo es de 29 millones de trabajadores en ocupaciones sanitarias y no sanitarias. Para 2030, otros 27 millones de empleos podrían ser creados en África y 39 millones en Asia.

Al adoptar la perspectiva de la cadena mundial de suministro y de economía de la salud, constatamos los efectos multiplicadores del empleo en la CSU en todos los sectores económicos y profesiones en la economía en general. El estudio constata que la inversión en un empleo de médico o enfermera da trabajo a 2,3 trabajadores que no tienen una profesión sanitaria.

El estudio sugiere que en la respuesta a las necesidades de salud debería tenerse plenamente en cuenta el gran número de personas que trabajan en la economía de la salud en el sentido amplio, en ocupaciones no sanitarias, sobre todo los trabajadores no remunerados. A fin de alcanzar resultados sostenibles y avanzar hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, será fundamental prestar atención especial a las condiciones de trabajo decente para todos los trabajadores en la cadena mundial de suministro de la salud y en las economías de la salud nacionales, incluyendo el pago de salarios adecuados y la cobertura de la protección social.

“Es necesario replantear las actuales políticas para alcanzar la cobertura universal de la salud aprovechando el potencial del empleo decente”, concluyó Xenia Scheil-Adlung. El estudio destaca la necesidad de transformar el cuidado informal no remunerado en un número suficiente de empleos para trabajadores calificados con condiciones de trabajo decente. Esto tendría un impacto positivo directo sobre la economía y para millones de mujeres que abandonaron su empleo formal para cuidar a los miembros más ancianos de las familias debido a la falta de trabajadores de salud calificados.

Fuente: http://www.ilo.org/